Las conversaciones se extenderán hasta el miércoles en uno de los principales centros petroleros estadounidenses y reunirán a delegaciones de las mayores economías, entre ellas China, India, Japón y Alemania, además de productores como Canadá y Arabia Saudita. Moscú también enviará funcionarios, según confirmó el sábado.
Una de las prioridades de Washington durante su presidencia del G20 es ampliar el acceso a energía asequible, fiable y segura, pero el suministro sufrió un fuerte golpe desde que EE.UU. e Israel atacaron a Irán en febrero.
El conflicto ha disparado los precios del petróleo y el gas en plena carrera de Europa para completar sus reservas antes del invierno.
En Estados Unidos, el efecto ya se siente en los surtidores. El diésel alcanzó un máximo histórico y promedia 6,20 dólares por galón (3,78 litros), según la AAA, mientras la gasolina regular cuesta 44% más que antes de la guerra.
COSTO POLÍTICO INTERNO
El alza del combustible entra de lleno en la campaña para las elecciones de medio término de noviembre y genera preocupación en el Partido Republicano.
Trump acusó a Irán de prolongar el conflicto para perjudicarlo políticamente y aseguró que terminará tras los comicios. «El país está en auge. Irán va a terminar justo después de las elecciones de medio término, tal vez antes», dijo el sábado.
«El precio de la nafta va a caer en picada, tal como pasó justo antes de que yo llegara. Yo sabía lo que estaba haciendo. Irán no puede tener un arma nuclear, y no la va a tener», agregó.
A esa presión se suma la escasez de diésel por los ataques ucranianos a refinerías rusas. «Hablamos con Zelenski al respecto… No ataquen el combustible diésel porque eso está perjudicando al mundo», afirmó Trump.
A la cita de Houston asistirán el secretario de Energía, Chris Wright, negociador energético con Venezuela, y el secretario del Interior, Doug Burgum.