La iniciativa ha generado un intenso debate nacional. Sectores religiosos y conservadores respaldan la medida, argumentando que reforzará principios de respeto, disciplina y fe en la juventud. Sin embargo, críticos señalan que la propuesta desafía el carácter laico del Estado y abre interrogantes sobre qué versión de la Biblia se utilizaría en las aulas.
Encuestas previas muestran que hasta un 95 % de los salvadoreños se ha manifestado favorable a la lectura de la Biblia en las escuelas, aunque no siempre de manera obligatoria. El reto para el Gobierno será definir cómo implementar la medida sin vulnerar la pluralidad y la laicidad de la educación pública.
